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Santiago de Compostela se ha convertido en un centro cultural por cuyas calles fluctúan estudiantes, peregrinos, propios, extraños, paseantes o gallegos foráneos. Toda una amalgama de razas y culturas se dan encuentro en la capital gallega. Pero Santiago es ante todo belleza sagrada, un milagro en piedra que recoge la herencia dejada en siglos de historia por caminantes y peregrinos que le otorgaron la marcada personalidad que hoy presume. Y es que Santiago lleva en sus cimientos el legado que han ido transmitiendo las sucesivas generaciones de fieles, devotos y demás visitantes.

Comprende la ciudad un impresionante conjunto monumental que le ha valido la consideración de Ciudad Patrimonio de la Humanidad en el año 1984. Partiendo de La Plaza del Obradoiro, kilómetro cero de todos los caminos de Santiago y punto de partida de las enmarañadas y juguetonas callejuelas que forman el casco antiguo. En esta misma plaza se asienta La Catedral de Santiago, con su impresionante fachada barroca y en cuyo interior descansan los restos del Apóstol.

El hostal de los Reyes Católicos, los pazos de Raxoy y Xelmírez, la Colegiata de Sta. María La Mayor y Real de Sar, los diversos conventos, plazas, iglesias, templos y edificios civiles modelan un caserío único que merece ser visitado con calma, para no dejar pasar detalle. Es por ello que Santiago merece ser atendido en toda su grandeza y dedicarle el tiempo que merece.

La ciudad, alegre de día, se torna festiva con la caída de la noche. La universidad arrastra un número incipiente de estudiantes ávidos de conocimientos, pero con las ganas propias de la edad de disfrutar y divertirse. Creando un ambiente sano y juvenil que contagia a todo el mundo, tengan la edad que tengan y sean de donde sean.